La selección de pasajes de la Biblia es una parte importante al planificar un funeral. ceremonia, ya que queremos recurrir a la palabra de Dios en busca de sabiduría y consuelo en este tiempo de pérdida. La
Palabra de Dios está en el corazón de nuestra celebración cristiana de la fe en este Rito funerario en anticipación de la resurrección del cuerpo.
Para facilitar esto a la familia, la Iglesia Católica ha preseleccionado un número de pasajes bíblicos apropiados para la ocasión de un funeral. Por favor mira Lea estos pasajes como parte de los preparativos de su funeral y encuentre esas palabras. que hablan a tu corazón.
Instrucciones:
- La primera lectura está tomada del Antiguo Testamento. Cada lectura también tiene un salmo que lo acompaña. El Salmo puede ser leído cantado por el Organista/Cantante.
- La segunda lectura está tomada del Nuevo Testamento.
- La lectura del evangelio también está tomada del Nuevo Testamento, y será elegida por el sacerdote. Esto puede ser discutido por la familia con el sacerdote que presidirá la liturgia del funeral.
- Se invita a la familia a designar dos personas para leer las dos primeras lecturas, Si el salmo
- se va a leer, no a cantar, entonces la familia puede elegir una tercera persona para leerlo. El
- salmo puede ser cantado por un cantor, que puede dirigir la congregación para cantar una respuesta.
- El sacerdote o un diácono asistente proclamará el Evangelio.
- Una vez que haya seleccionado sus lecturas, informe la lectura al sacerdote.
- números, así como los nombres de quienes harán las lecturas.
Lecturas del Antiguo Testamento
[1] Lectura del segundo libro de los Macabeos
En aquellos días, Judas Macabeo, jefe de Israel, hizo una colecta y recogió dos mil dracmas de plata, que envió a Jerusalén para que ofrecieran un sacrificio de
expiación por los pecados de los que habían muerto en la batalla.
Obró con gran rectitud y nobleza, pensando en la resurrección, pues si no hubiera esperado la resurrección de sus compañeros, habría sido completamente inútil orar por los muertos. Pero él consideraba que, a los que habían muerto piadosamente, les estaba reservada una magnífica recompensa.
En efecto, orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados es una acción santa y conveniente.
Palabra de Dios
[2] Lectura del libro de Job
En aquellos días, Job tomó la palabra y dijo: “Ojalá que mis palabras se escribieran; ojalá que se grabaran en láminas de bronce o con punzón de hierro se esculpieran en la roca para siempre.
Yo sé bien que mi defensor está vivo y que al final se levantará a favor del humillado; de nuevo me revestiré de mi piel y con mi carne veré a mi Dios; yo mismo lo veré y no otro, mis propios ojos lo contemplarán. Ésta es la firme esperanza que tengo’’.
Palabra de Dios
[3] Lectura del libro de la Sabiduría
Las almas de los justos están en las manos de Dios y no los alcanzará ningún tormento. Los insensatos pensaban que los justos habían muerto, que su salida de este mundo era una desgracia y su salida de entre nosotros, una completa destrucción.
Pero los justos están en paz. La gente pensaba que sus sufrimientos eran un castigo, pero ellos esperaban confiadamente la inmortalidad.
Después de breves sufrimientos recibirán una abundante recompensa, pues Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí.
Los probó como oro en el crisol y los aceptó como un holocausto agradable.
En el día del juicio brillarán los justos como chispas que se propagan en un cañaveral. Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos, y el Señor reinará eternamente sobre ellos. Los que confían en el Señor comprenderán la verdad
y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque Dios ama a sus elegidos y cuida de ellos.
Palabra de Dios
[4] Lectura del libro de la Sabiduría
Las almas de los justos están en las manos de Dios y no los alcanzará ningún tormento.
Los insensatos pensaban que los justos habían muerto, que su salida de este mundo era una desgracia y su salida de entre nosotros, una completa destrucción.
Pero los justos están en paz. La gente pensaba que sus sufrimientos eran un castigo,
pero ellos esperaban confiadamente la inmortalidad.
Después de breves sufrimientos recibirán una abundante recompensa, pues Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí.
Los probó como oro en el crisol y los aceptó como un holocausto agradable. Los que confían en el Señor comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque Dios ama a sus elegidos y cuida de ellos.
Palabra de Dios
[5] Lectura del libro del Eclesiastés
Para todo hay un tiempo oportuno. Hay tiempo para todo lo que se hace bajo el sol.
Tiempo de nacer; Tiempo de morir; Tiempo de plantar; Tiempo de cosechar; Tiempo de matar; Tiempo de sanar; Tiempo de destruir; Tiempo de reedificar; Tiempo de llorar; Tiempo de reír; Tiempo de tener duelo; Tiempo de danzar; Tiempo de esparcir piedras; Tiempo de recoger piedras; Tiempo de abrazar; Tiempo de no abrazar; Tiempo de encontrar; Tiempo de perder; Tiempo de ahorrar; Tiempo de derrochar; Tiempo de romper; Tiempo de reparar; Tiempo de callar; Tiempo de hablar; Tiempo de amar; Tiempo de odiar; Tiempo de guerra; Tiempo de paz.
Todo lo que él hace llega a su tiempo; pero ha puesto la eternidad en sus corazones,
y el hombre no encuentra el sentido de la obra divina desde el principio al fin.
Palabra de Dios
[6] Lectura del libro del profeta Isaías
En aquel día, el Señor del universo preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos.
Él arrancará en este monte el velo que cubre el rostro de todos los pueblos, el paño que oscurece a todas las naciones.
Destruirá la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo.
Así lo ha dicho el Señor. En aquel día se dirá: “Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara. Alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae”.
Palabra de Dios
[7] Lectura del libro de las Lamentaciones
Me han arrancado la paz y ya no me acuerdo de la dicha.
Pienso que se me acabaron ya las fuerzas y la esperanza en el Señor. Fíjate, Señor, en mi pesar, en esta amarga hiel que me envenena.
Apenas pienso en ello, me invade el abatimiento. Pero, apenas me acuerdo de ti, me lleno de esperanza.
La misericordia del Señor nunca termina y nunca se acaba su compasión; al contrario, cada mañana se renuevan. ¡Qué grande es el Señor! Yo me digo: “El Señor es la parte que me ha tocado en herencia” y en el Señor pongo mi esperanza.
El Señor es bueno con aquellos que en él esperan, con aquellos que lo buscan. Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.
Palabra de Dios
[8] Lectura del libro de Proverbios
¡Mujer valiente! ¿Quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas.
Es ella la que teme al Señor. Ella es fuente de bien, no de mal, todos los días de su vida. Sus manos están al servicio de los necesitados y los pobres. Se reviste de fuerza y dignidad, y afronta segura el porvenir. Cuando habla, lo hace con sabiduría;
cuando instruye, lo hace con amor.
Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba: ¡Muchas mujeres hicieron el bien, pero tú las superas a todas! Engañoso es el encanto y pasajera la belleza; la mujer que teme al Señor es digna de alabanza. ¡Sean reconocidos * sus logros, y públicamente alabadas sus obras!
Palabra de Dios
Salmos Responsoriales
Salmo 23 (22) El Señor es mi pastor, nada me falta.
Respuesta: El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me
hace recostar; Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis
fuerzas. Me guía por senderos justos, por el honor de su nombre.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas
conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. (Respuesta)
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me
unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi
vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Salmo 25 (24) A ti, Señor, levanto mi alma.
Respuesta: A ti, Señor, levanto mi alma.
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.
A ti, Señor, levanto mi alma.
Ensancha mi corazón oprimido y sácame de mis tribulaciones.
Mira mis trabajos y mis penas y perdona todos mis pecados.
A ti, Señor, levanto mi alma.
Guarda mi vida y líbrame, no quede yo defraudado de haber
acudido a ti. La inocencia y la rectitud me protegerán, porque
espero en ti.
A ti, Señor, levanto mi alma.
Salmo 27 (26) El Señor es mi luz y mi salvación.
Respuesta: El Señor es mi luz y mi salvación
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es
la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?
El Señor es mi luz y mi salvación
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del
Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo.
El Señor es mi luz y mi salvación
Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme. Tu
rostro buscaré, Señor; no me escondas tu rostro.
El Señor es mi luz y mi salvación
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera
en el Señor, sé valiente; ten ánimo, espera en el Señor.
El Señor es mi luz y mi salvación
Salmos 42 (41) y 43 (42) Mi alma tiene sed del Dios vivo.
Respuesta: Mi alma tiene sed del Dios vivo.
Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro
de Dios?
Mi alma tiene sed del Dios vivo.
Recuerdo cómo marchaba a la cabeza del grupo hacia la casa de
Dios, entre cantos de júbilo y alabanza.
Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan
hasta tu monte santo, hasta tu morada.
Mi alma tiene sed del Dios vivo.
Que yo me acerque al altar de Dios, al Dios de mi alegría; que te
dé gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío
¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas? Espera
en Dios, que volverás a alabarlo: “Salud de mi rostro, Dios mío”.
Mi alma tiene sed del Dios vivo.
Salmo 63 (62) Mi alma está sedienta de ti, mi Dios.
Respuesta: Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta
de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin
agua.
(Respuesta)
¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracias vale más que la vida, te alabarán mis labios.
(Respuesta)
Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me
saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán
jubilosos.
(Respuesta)
Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con
júbilo; mi
alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. (Respuesta)
Lecturas del Nuevo Testamento
[1] Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Hermanos y hermanas: Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra? El que no nos escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo, junto con su Hijo? ¿Quién acusará a
los elegidos de Dios? Si Dios mismo es quien los perdona, ¿quién será el que los condene? ¿Acaso Jesucristo, que murió, resucitó y está a la derecha de Dios para interceder por nosotros?
¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? Ciertamente de todo esto salimos más victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
[2] Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
En aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que estaban en su casa, con estas palabras: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere. Él envió su palabra a los hijos de Israel, para anunciarles la paz por medio de Jesucristo, Señor de todos.
Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados”.
Palabra de Dios.
[3] Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.
Hermanos y hermanas: La esperanza no defrauda; porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado.
En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado.
Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque pueda haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.
Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él
por la muerte de su Hijo, con mucha más razón, estando ya reconciliados, sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos
obtenido ahora la reconciliación.
Palabra de Dios
[4] Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.
Hermanos y hermanas: Les voy a revelar un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final. Pues al resonar la trompeta, los muertos resucitarán incorruptibles y
nosotros seremos transformados. Porque es preciso que este ser nuestro, corruptible y mortal, se revista de incorruptibilidad e inmortalidad.
Y cuando nuestro ser corruptible y mortal se revista de incorruptibilidad e inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra de la Escritura: La muerte ha sido aniquilada por la victoria.
¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado y la fuerza del pecado es la ley. Gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por
nuestro Señor Jesucristo.
Palabra de Dios.
[5] Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios.
Hermanos y hermanas: Sabemos que aquel que resucitó a Jesús nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos colocará a su lado con ustedes. Y todo esto es para bien de ustedes, de manera que, al extenderse la gracia a más y más personas, se multiplique la acción de gracias para gloria de Dios.
Por esta razón no nos acobardamos; pues aunque nuestro cuerpo se va desgastando, nuestro espíritu se renueva de día en día. Nuestros sufrimientos momentáneos y ligeros nos producen una riqueza eterna, una gloria que los sobrepasa con exceso.
Nosotros no ponemos la mira en lo que se ve, sino en lo que no se ve, porque lo que se ve es transitorio y lo que no se ve es eterno. Sabemos que, aunque se desmorone esta morada
terrena, que nos sirve de habitación, Dios nos tiene preparada en el cielo una morada eterna, no construida por manos humanas.
Palabra de Dios.
[6] Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.
Hermanos y hermanas: Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos que venga nuestro Salvador, Jesucristo. El transformará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso, semejante al suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su dominio todas las cosas.
Palabra de Dios.
[7] Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses.
Hermanos y hermanas: No queremos que ignoren lo que pasa con los difuntos, para que no vivan tristes, como los que no tienen esperanza. Pues, si creemos que Jesús murió y resucitó,
de igual manera debemos creer que, a los que mueren en Jesús, Dios los llevará con él.
Lo que les decimos, como palabra del Señor, es esto: que nosotros, los que quedemos vivos para cuando venga el Señor, no tendremos ninguna ventaja sobre los que ya murieron.
Cuando, Dios mande, que suenen las trompetas, se oirá la voz de un arcángel y el Señor mismo bajará del cielo, entonces, los que murieron en Cristo resucitarán primero; después nosotros,
los que quedemos vivos, seremos arrebatados, juntamente con ellos entre nubes, por el aire, para ir al encuentro del Señor, y así estaremos siempre con él. Consuélense, pues, unos a otros con estas palabras.
Palabra de Dios.
Evangelios
[1] Lectura del santo Evangelio según San Mateo.
En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos.
Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:
“Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque serán consolados.
Dichosos los sufrientes, porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos
de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de
ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque
su premio será grande en los cielos”.
Palabra del Señor.
[2] Lectura del santo Evangelio según San Mateo.
En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla!
¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien! El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave, y mi carga ligera”.
Palabra del Señor.
[3] Lectura del santo Evangelio según San Marcos.
Al llegar el mediodía, toda aquella tierra se quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. Y a las tres, Jesús gritó con voz potente: “Eloí, Eloí, ¿lemá sabactaní?” (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). Algunos de los presentes, al oírlo, decían: “Miren, está llamando a Elías.” Uno corrió a empapar una esponja en vinagre, la sujetó a un carrizo y se la acercó para que bebiera, diciendo: “Vamos a ver si viene
Elías a bajarlo”. Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo. El oficial romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: “De veras este hombre era Hijo de Dios”.
Palabra del Señor.
[4] Lectura del santo Evangelio según San Lucas.
En aquel tiempo, se dirigía Jesús a una población llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre.
Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: “No llores”. Acercándose al ataúd, lo tocó y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces dijo Jesús: “Joven, yo te lo mando: levántate”. Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.
Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo: “Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo”. La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas.
Palabra del Señor.
[5] Lectura del santo Evangelio según San Juan.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: “Yo les aseguro que, quien escucha mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna y no será condenado en el juicio, porque ya pasó de la muerte a la vida.
Les aseguro que viene la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la hayan oído vivirán Pues así como el Padre tiene la vida en sí mismo, también le ha dado al Hijo tener la vida en sí mismo; y le ha dado el poder de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que yacen en la tumba oirán mi voz y resucitarán: los que hicieron el bien, para la vida; los que hicieron el mal, para la condenación”.
Palabra del Señor.
[6] Lectura del santo Evangelio según San Juan.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Todo aquel que me da el Padre viene hacia mí; y al que viene a mí yo no lo echaré fuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
Y la voluntad del que me envió es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. La voluntad de mi Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga la vida eterna y yo lo resucite en el último día”.
Palabra del Señor.
[7] Lectura del santo Evangelio según San Juan.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”.
Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre”.
Palabra del Señor.
[8] Lectura del santo Evangelio según San Juan.
En aquel tiempo, cuando llegó María [la hermana de Lázaro] adonde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”.
Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron: “Ven, Señor, y lo
verás”. Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: “De veras ¡cuánto lo amaba!” Algunos decían: “¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?”
Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la piedra.
Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal de ahí!” Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo, para que pueda andar”.
Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Palabra del Señor.
[9] Lectura del santo Evangelio según San Juan.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque voy a prepárales un lugar. Cuando me vaya y les prepare un lugar, volveré y los llevaré conmigo, pare que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.
Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.
Palabra del Señor.